Fantasmas que reclaman justicia, familiares que cuesta despedir y recuerdos que todavía deciden por quienes se quedaron: el cine mexicano tiene muchas maneras de mantener cerca a sus muertos.
Hay muertos que regresan para asustar y otros que todavía tienen algo que decir. También están quienes siguen presentes en una casa, en las decisiones de una familia o en una conversación que alguien se resiste a terminar.
La cercanía del Día de Muertos invita a reunir estas películas mexicanas y coproducciones con participación nacional. Algunas encuentran consuelo en ese vínculo; otras lo convierten en una pesadilla. Las recorremos por año, desde un convento de los años treinta hasta una celebración comunitaria en Oaxaca.
1. El fantasma del convento (1934): un refugio que guarda demasiadas historias
Perderse de noche ya es un problema. Encontrar alojamiento en un convento cuyos habitantes resultan cada vez más extraños tampoco ayuda demasiado. Fernando de Fuentes convierte la visita de tres viajeros en un encuentro con la culpa, el deseo y un pasado que parece haberse quedado entre las paredes. Conviene entrar sabiendo poco: parte de su encanto está en desconfiar de la hospitalidad.

2. El espejo de la bruja (1962): la muerte no termina una venganza
Elena muere, pero su esposo no consigue librarse de ella tan fácilmente. Con una bruja, un espejo y una mansión como escenario, Chano Urueta construye una historia donde el regreso de la víctima altera la vida de quien creyó haberla dejado atrás. Aquí, mirar un reflejo puede ser bastante peor que encontrarse a alguien en el pasillo.

El espejo de la bruja · Tráiler original · Alameda Films
3. Hasta el viento tiene miedo (1968): una alumna que nadie consigue silenciar
Las reglas del internado pueden controlar a las alumnas, pero tienen poco efecto sobre una aparición. La presencia de Andrea interrumpe la disciplina y obliga a mirar aquello que se quiso ocultar. Carlos Enrique Taboada encuentra el miedo en escaleras, ventanas y ráfagas de viento; también en la sospecha de que los adultos saben mucho más de lo que cuentan.
4. El escapulario (1968): una protección que pasa de mano en mano
Un sacerdote escucha a una mujer que quiere contarle las historias de sus hijos y de un escapulario. A partir de ahí, Servando González entrelaza peligro, fe y encuentros difíciles de explicar. La película merece estar aquí por la forma en que conecta la muerte con los vínculos familiares, aunque explicar exactamente cómo lo hace sería arruinar buena parte de la experiencia.

5. Más negro que la noche (1975): heredar una casa también trae obligaciones
Ofelia recibe una casona de su tía fallecida y se instala con sus amigas. El gato que quedó allí parece una responsabilidad sencilla, hasta que la convivencia desencadena sucesos aterradores. Taboada vuelve inquietante algo bastante cotidiano: ocupar el espacio de alguien que murió. Entre objetos, ruidos y apariciones, la casa termina pareciendo mucho menos disponible de lo que indicaba la herencia.

6. Cronos (1993): Aurora todavía reconoce a su abuelo
Jesús Gris encuentra un artefacto que transforma su cuerpo y lo arrastra hacia una existencia vampírica. Su regreso después de morir tiene algo especialmente doloroso: Aurora sigue viendo a su abuelo bajo esa apariencia cada vez más deteriorada. Guillermo del Toro deja que la ternura conviva con la repulsión. Cuesta mirar lo que le ocurre, pero también entender cómo podría ella dejarlo solo.

7. El espinazo del diablo (2001): el fantasma conoce lo que pasó
En esta coproducción de España y México, Carlos llega a un orfanato durante la Guerra Civil española y descubre una presencia entre sus secretos. Del Toro hace que el miedo a un niño fantasma conviva con amenazas mucho más humanas. La aparición mantiene abierta una herida: mientras los adultos intentan controlar el lugar, el pasado encuentra la manera de hacerse notar.

8. La leyenda de la Nahuala (2007): también hay fantasmas dispuestos a ayudar
Leo tiene que entrar en una casa aterradora para intentar rescatar a su hermano. Por fortuna, entre sus habitantes encuentra espíritus que pueden echarle una mano. La película de Ricardo Arnaiz aprovecha el humor y la aventura para construir una convivencia donde los muertos tienen personalidad, problemas y capacidad de ayudar. Hasta una casa embrujada puede convertirse en el comienzo de una amistad.

9. Cinco días sin Nora (2008): ella dejó organizado el encuentro
Nora prepara antes de morir un plan que obliga a José, su exmarido, a encargarse del velorio. Su ausencia pone a la familia en movimiento y abre preguntas que parecían resueltas. Mariana Chenillo consigue mantenerla en el centro sin recurrir a una aparición: las decisiones que tomó y las pistas que dejó siguen cambiando la manera en que los demás la recuerdan.

10. Las buenas hierbas (2010): lo que una generación deja en otra
María Novaro conecta los vínculos familiares con la herbolaria, la naturaleza y los conocimientos que pasan de una persona a otra. Su mirada sobre los lazos entre vivos y muertos permite pensar en una presencia menos visible: aquello que seguimos haciendo porque alguien nos lo enseñó. Recordar también puede ocurrir al reconocer una planta o al conservar una manera de cuidar.

11. Nos vemos, papá (2011): seguir hablando para evitar la despedida
Después de perder a su padre, Pilar continúa conviviendo con él como una presencia imaginaria. Lucía Carreras se acerca a ese vínculo desde la dificultad de aceptar una separación, mientras la familia intenta intervenir. La compañía tiene aquí una doble cara: puede aliviar la ausencia y, al mismo tiempo, hacer más difícil volver a relacionarse con quienes siguen alrededor.

12. Halley (2012): todavía necesita a alguien cerca
El cuerpo de Alberto se descompone y él intenta retirarse del mundo. Sin embargo, una amistad con su jefa abre una posibilidad de contacto en medio de esa existencia cada vez más aislada. Sebastián Hofmann lleva al muerto viviente hacia un terreno incómodo e íntimo: detrás del deterioro físico permanece alguien que todavía puede necesitar compañía. Es una de las propuestas más duras de esta selección.

13. Todos están muertos (2014): un hermano regresa a una vida detenida
Lupe fue una estrella del pop y ahora vive encerrada en casa. El regreso del fantasma de su hermano la obliga a enfrentarse con una historia familiar que sigue pesando. Esta coproducción de México, España y Alemania utiliza lo sobrenatural para hablar de culpa y despedidas pendientes. A veces, volver a encontrarse con alguien también implica revisar la versión que conservábamos de esa persona.

14. Vuelven (2017): pedir que mamá regrese tiene consecuencias
Estrella quiere recuperar a su madre, pero el cumplimiento de su deseo resulta aterrador. Issa López une el cuento fantástico con la violencia que deja a niños sin protección y con demasiadas ausencias a cuestas. Los muertos regresan cargando aquello que les ocurrió. La película hace especialmente doloroso ese encuentro porque nace de una necesidad muy sencilla: una niña quiere volver a estar con su mamá.

15. Día de muertos (2019): cuando todos esperan a alguien y tú buscas respuestas
Salma vive en un pueblo donde los espíritus regresan cada año, pero desconoce la identidad y el paradero de sus padres. Esa ausencia la impulsa hacia una aventura entre fantasmas, calaveras y caminos al inframundo. La animación de Carlos Gutiérrez Medrano encuentra una pregunta emotiva dentro de la celebración: cómo participar en el reencuentro cuando todavía no sabes a quién estás buscando.

16. Pedro Páramo (2024): en Comala todavía queda mucho por contar
Juan Preciado llega buscando a su padre y encuentra un pueblo donde las voces del pasado se mezclan con las de quienes parecen recibirlo. Rodrigo Prieto adapta el universo de Juan Rulfo dejando que los muertos conserven sus deseos, agravios y recuerdos. Comala está llena de historias que se resisten a terminar, aunque sus protagonistas ya no puedan escapar de ellas.

Pedro Páramo · Tráiler oficial · Netflix Latinoamérica
17. El baile de las ánimas (2026): una comunidad prepara el regreso
Este documental de Ramón Llavén, coproducido por México y Canadá, recorre la Muerteada del valle de Etla, Oaxaca. Su propuesta sigue a un alma que vuelve para visitar a sus seres queridos y los lugares que conoció. Después de tantos encuentros inquietantes, aquí la compañía adquiere una forma comunitaria: la música, el recorrido y la celebración ayudan a compartir el peso de una pérdida.

El baile de las ánimas · Tráiler · Ramón Llaven
¿Cuál agregarías a la lista: una que te haya dado miedo o una que te haya hecho sentir cerca de alguien?

